
Andrea llena desde hace meses una alcancía. La quiere para comprarle a su hija un peluche bien grande en su próximo cumpleaños, porque es algo que la pequeña Lía le pidió y es un hecho que este tipo de muñecos cuesta bastante caro.
Pero Lía lo quiere, no sabe de cálculos económicos; aunque podría afirmarse que hoy, el alto precio de los juguetes obliga a las familias a imponerles a los niños el gusto por juegos con artefactos más asequibles.
Y es que, adquirir estos artículos para infantes –mayormente vendidos en las tiendas recaudadoras de divisa y en algunos puestos de cuentapropistas-, es casi una cuestión de lujo, si se tienen en cuenta sus excedidos costos.
Pensemos en lo que representa para los padres comprar aquellos más gustados por los niños. Muñecas barbies, camiones, u otro tipo de carros, bicicletas, pianolas, guitarras eléctricas, figuran en la lista de los que entusiasman mucho a nuestros pequeños y al mismo tiempo los de precios más irrisorios.
Algunos adultos asumen la decisión o medida de no acudir a esos lugares con sus hijos, porque si de casualidad tuvieran que entrar con ellos y estos se animan por juguetes exuberantes –los cuales nos gustan hasta a aquellos que dejamos atrás la infancia-, entonces la salida termina en conflicto.
Y qué abuela, padre o tío, no desearía poderle obsequiar a un niño toda la fantasía convertida en muñecas que lloran, peluches que hablan, carros donde te puedes montar…, todos juguetes que encontramos en nuestras tiendas, en esas donde una bicicleta para niños a veces supera el costo de los 100 cuc.
Habría que hacer un análisis muy riguroso de la economía familiar y ahorrar por mucho tiempo para comprar algo así, lo que dudamos sea prioridad para quienes también deben suplir gastos en necesidades básicas del propio desarrollo físico de los hijos.
Y cuando un juguete de este tipo, ¡digo, de este precio! se llega a comprar, el imperativo de “cuídalo que eso costó mucho dinero”, “no se puede romper”, “cuidadito con prestarlo”, no los deja disfrutar a plenitud de él.
Por otra parte, no siempre tienen calidad; hay quienes acuden a las producciones nacionales que distan mucho de ser atractivas, y además resultan caras, aunque cuesten menos. Hablamos de aquellos carritos, bates y pelotas, u otros de plásticos, poco duraderos también.
Realmente, los responsables de comprar en el exterior para surtir nuestras tiendas deberían pensar en ofertas más acordes con los salarios medios en Cuba.
Otra alternativa sería potenciar la industria a nivel de país y local con propuestas atrayentes y de mayor calidad, porque deja mucho que desear el acabado de los juguetes que se venden en los mercados por moneda nacional.
El juego como actividad tiene gran importancia para el aprendizaje y el desarrollo integral del niño, que aprende a conocer la vida jugando.
No pude ser que jugar tenga un precio tan alto…tan alto para nuestros niños y tan alto para nuestros padres…
Tomado de Radio Guamá
www.rguama.icrt.cu
14 de marzo de 2019