Arnaldo Villazuzo Trujillo, es jubilado del Cuerpo de Guardabosques en Minas de Matahambre.
Muchas son las experiencias que en los más de 40 años de labor, atesora este devoto de la campiña y en especial de los pinares que la hermosean.
“Comencé a trabajar el primero de septiembre de 1975, en lo que antes llamaban “Plan experimental”, tenía entonces 23 años.
De ahí pasé al oficio de bombero, tuve participación en todos los incendios. El que más me impactó, fue una casa que cogió candela en Rincón Caliente y tuve que romper la puerta y sacar la niña.
En el 2007 me estrené como torrero, un trabajo de mucha responsabilidad. La hora de subir a la torre era a las nueve, pero mucho antes ya yo estaba arriba, cumpliendo con lo que tenía que cumplir: la observación, siempre muy atento.
Lo primero que tiene que tener un torrero es dominio del bosque que él mira.
Hay tres tipos de humo: está el blanco, que es cuando se quema maleza, el humo gris cuando se quema aroma, pero cuando es oscuro hay que tener cuidado, porque se están quemando los árboles alrededor de una laguna. Si no hay laguna entonces son pinos.
Si volviera a nacer desearía a ser torrero, porque estar arriba de esa torre observando, para mí es un placer.
Los lugares que más me gustaba contemplar eran los bosques del “Cayo de las Damas”, “Bejuquera”, “Corralillo”, “Llano Manacas”, toda esa zona es verdecita, una belleza.
Como cada año desde su jubilación, Arnaldo (el Villa) trabaja como como fuerza eventual en apoyo a la campaña contra incendios forestales.
En estos momentos cumple esa tarea, desde allí, donde solemne se levanta la torre de los guardabosques.
Por: Edilia Martínez La Rosa
Periodista de Radio Minas
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11 de abril de 2019