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Por Fortuna, una Casa de abuelos


El peso de los días de soledad embargaba a Fortuna Luís García, residente en el consejo popular Minas; la depresión se adueñaba de ella cada vez más.

Hace cuatro años, alguien le habló de la “Casa de los abuelos”, tras un breve rechazo poco infundado, logró tomar la decisión correcta.

Su vida tomó un rumbo que hasta entonces le era desconocido.

Sentadas ambas en sendos sillones de mimbre, en un pequeño local que en ocasiones funciona como oficina, donde acudí para conocer acerca de algunas actividades dela institución que hoy cobija más de 20 personas, de la tercera edad de ambos sexos, me relató de sus experiencias en el lugar.

Ella no olvida su primer día allí, algo de nerviosismo quizás, la presentación ante el resto de los que a partir de ahí serían sus compañeros, un jornada distinta a todos los anteriores en lo reservado de su casita.

Apenas comenzaba a hablar y ya me preguntaba con palabras entrecortadas si podía contarme de la solidaridad que encontró en aquel lugar.

Apenas alcancé a contestarle: -Pues claro

Para controlar su emoción necesitó varios segundos, tras los cuales con voz firme me comentó que en ocasión de su cumpleaños, quiso ocultarlo porque precisamente ese día enfermó su madre.

“Ellos se enteraron y todos me trajeron regalos”. Seguido aseguró que durante la enfermedad de su mamá se portaron muy bien con ella. “Me visitaban y ayudaban en todo lo que podían.”

Los días parecen cortos a Fortuna, en el ir y venir, dentro de las distintas áreas de la Casa y el desempeño de las diferentes actividades que realizan.
“Tenemos dominó, ejercicios y actividades culturales”.

Agradecida está de la oportunidad que le dan las sesiones de artes plásticas con el instructor Félix, de poder expresar sus sentimientos, a través de las obras que realiza en colectivo o individual.

Orgullosa me mostró una de sus creaciones con la técnica de la monotipia. Una casita de campo rodeada de árboles y flores. “Porque siempre viví en el campo”, dice.

La voz tierna y pausada en perfecta armonía con la alta y esbelta figura, forman un todo que a modo superficial, a mí se me antojó mágico.

De la atención que reciben allí los abuelos, también quiso hablar Fortuna. Los alimentos a su hora, dijo y acotó: “Almuerzo, comida y las meriendas”.

“Sus doctores”, en cada especialidad, los visitan de forma periódica, dice ella, que le sería difícil si no estuviera allí, tener esos servicios, porque el trasladarse le cuesta un poco de trabajo por limitaciones en sus piernas.

Al llegar a su hogar en la tarde, riega sus maticas, pone en orden algunas cosas y se acuesta pensando en su hija que a menudo le visita, las anécdotas de la jornada, sus compañeros y tal vez en qué “travesuras” se presentarán en el nuevo día.

Por: Edilia Martínez La Rosa
Periodista de Radio Minas
Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @ediliaminas
11 de mayo de 2019

 

 

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