
El amor de una madre es el más puro y real que existe en este planeta.
El instinto materno es superior a cualquier otro y el amor que va unido a él, es sin duda lo más extraordinario que puede unir a dos seres.
Esto es lo que se siente cuando pensamos en una madre, un amor puro que dura toda la vida.
Cuando somos pequeños vemos en una madre a una heroína que todo lo puede, que con su fuerza nos protege y con su sabiduría nos guía, pero a medida que vamos creciendo nos vamos dando cuenta que no sólo todo lo puede sino que además, es la luz que ilumina nuestro camino.
En un momento de la vida, nos damos cuenta que una madre también tiene sentimientos, sufre como nosotros y de repente, sentimos empatía por todo el daño que quizá le hayamos causado, sin tan siquiera darnos cuenta de que ella, también llora.
Sus lágrimas son de fuerza, valentía y coraje… Unas lágrimas que sin duda deben ser consoladas con el amor incondicional de sus hijos.
Su experiencia le hace tener sabios conocimientos acerca de la vida, sin necesidad de tener una carrera o estudios en una maestría, pero su conocimiento es el más valioso de todos para nuestros corazones.
Ella sabe cómo llevarnos a la felicidad en el momento más oscuro y de cómo reconfortarnos en los momentos más complicados.
De niños sus lágrimas no las entendemos y de adultos nos preocupan, porque sabemos que en un tiempo ella lo era todo para nosotros, pero ahora comprendemos que somos nosotros quienes formamos su mundo y que ella, es el centro de nuestro universo.
Una madre es amor, un amor profundo que todo lo puede.
Siempre vamos a estar agradecidos.
Por: Juan González Cabanas
Periodista de Radio Minas
Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @juanyminas
12 de mayo de 2019