El día que Aurelio recibió la tierra
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- Publicado: 17 Mayo 2019
- Escrito por Edilia Martinez La Rosa

Corrían los primeros días de febrero de 1959. Una mañana como otra cualquiera, pero distinta a las demás, en una choza de tablas de palma y yagua, por la zona de Malas Aguas, al norte de Minas de Matahambre, correteaban medio “en cueros” varios niños de casi todos los tamaños.
Al ruido del motor que se detenía en el patio de la casa, los pequeños corrieron a esconderse en cualquier rincón, enseñados por su madre, por temor a la Guardia Rural, que andaban en aquellos caballos que “metían miedo” y los habían tenido “entre ojos”, por las actividades revolucionarias del padre o simplemente porque cuando les visitaban personas ajenas a la casa, no debían interrumpir las conversaciones.
Allí permanecieron sin hacer ruidos. Desde adentro, Ángela La Rosa Ramos (tenía 18 años), la segunda de la prole de Aurelio y Celia, con el corazón palpitante escuchó la amena y esperanzadora plática:
“! La Rosa, se acabaron las tapitas y los tapones!”.
Era el “mismísimo” Comandante Pinares, quien bajándose del auto expresaba con júbilo aquellas palabras, al hombre que salía a recibirlo y le ofrecía un fuerte estrechón de manos.
Comentaron acerca de los últimos sucesos de la Revolución en el poder, de planes y medidas futuras en bien del pueblo, sobre todo para los desposeidos.
“Me han dicho que tienes una escalerita de muchachos, pero no los veo ¿Dónde están?”, preguntó Pinares, el padre de hasta entonces 12 hijos (después le nacieron tres más) se dirigió a la esposa y le dijo:
“Celia, llama a los muchachos”.
La orden fue cumplida de inmediato; cabizbajos y temerosos comenzaron a salir de sus escondites. Pinares dio la mano a los más grandecitos y preguntó que se hacían para darle comida a aquella cría.
“Mi papá nos estaba criando con la pesca en una chalupa y haciendo carbón, pero no tenía ni un cordel de tierra”, dice Ángela al contar la historia.
Una familia de acaudalados a los que llamaban “Los Álvarez” era dueña de casi toda la comarca donde habitaban.
“Pues ahora vas a tener tierra para sembrar comida para esos muchachos”.
En aquella ocasión y cuando aún no se había firmado la Ley de Reforma Agraria, Pinares le entregó al campesino poco más de una caballería.
Fue aquel un día feliz, en que Aurelio pasó a ser propietario de un terreno, que le sirvió para cultivar alimentos para su familia.
Por: Edilia Martínez La Rosa
Periodista de Radio Minas
Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @ediliaminas
17 de mayo de 2019



