
Donar sangre es considerada una de las obras más humanas y es que cuando brindamos esa dosis de vida, con ella regalamos la misma, a aquellos, quienes el destino les jugó una mala pasada.
Ovel Caso Rodríguez, es un joven minero, que en un momento de su existencia, tuvo la necesidad de prescindir de dicho gesto de amor, después de este doloroso acontecimiento, tomó la mejor decisión de su vida.
“A los 16 años hice mi primera donación de sangre, recuerdo que cursaba el preuniversitario, cuando una tarde llegó la dolorosa noticia de que hubo un accidente masivo, rápido nos reunieron a los estudiantes y explicaron la situación existente e hicieron un llamado a todo joven que deseaba donar, para contribuir con la asistencia médica en dicho caso, impulsado por mi sentir, yo levanté mi mano para la colaboración.
Después realicé una que otra donación, pero nada sistemático. Cuatro años más tarde, ya insertado en el servicio militar, vengo un fin de semana de pase para mi casa, sucede que en esos días voy cruzando la calle y un auto me atropelló, quedé delicadísimo de salud, a tal punto que permanecí 59 días inconsciente y en estado de coma. Tenía fracturas craneales severas y en mis miembros, más otros daños colaterales, en fin mi vida no la contaban.
Tras varias operaciones, trasplantes y donaciones de sangre, logré recuperarme de aquel siniestro.
Después que salí de la hospitalización, bastante recuperado y fuera de peligro, pude meditar sobre la importancia de las donaciones, para preservar vidas humanas, a partir de entonces decidí ofrecer esa dosis de vida a otros que también la necesitan.
Tengo más de 40 donaciones realizadas y varios reconocimientos por la sistematicidad que mantengo.
En mi familia los donantes fueron mi papá y mi tío, aun guardan con mucha devoción el carné que los acredita.
Para mí, donar sangre es lo más bello y humano que existe, ver a las personas que me dicen: ¡Ovel gracias! o ¡Somos hermanos de sangre!. Es lo más reconfortante que existe, saber que como mismo yo recibí mi vida a través de otros, también puedo devolvérsela a los demás.
Le agradezco infinitamente a esos médicos, que con tanto empeño me asistieron y a la Revolución que tengo, en otro país todo fuera muy costoso y quizás no estaría aquí para contarles mi historia
¡Seguiré donando sangre hasta que la salud y la vida me lo permitan!”
Para Ovel Caso Rodríguez, ofrecer su sangre es un sacrificio grato, el aporte más valioso y el regalo más anhelado para quienes tienen la esperanza de vida limitada.
Cada gota significa para él, aquel oscuro recuerdo que nunca olvidará, transformado después, en el inmenso regocijo de salvar vidas humanas.
Por: Ivel Iañez Pérez
Periodista de Radio Minas
Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
14 de junio de 2019