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Política

Tenemos memoria


Era temprano en la mañana, unos 10 años antes del triunfo de la Revolución, por la zona de Malas Aguas, al norte de Minas de Matahambre, Aurelio se dispuso a hacer una travesía de varios kilómetros para llegar hasta donde tenía “en quema” un horno de carbón vegetal.

Su esposa Celia, quiso acompañarlo como en muchas ocasiones. Aunque había de por medio al menos seis niños, el más pequeño sólo de meses de nacido.

Algunos tenían edad para estar en la escuela, pero no había escuela, ni maestros en la intrincada zona donde vivían.

“Por eso andábamos casi siempre detrás de papá por los montes, descalzos y envueltos en harapos”.

El esposo no puso reparos, le gustaba andar con toda “la cría”.

Llegados al lugar realizaron las tareas pertinentes; mientras los niños correteaban y cuidaban al pequeño, Celia alcanzaba lo que era necesario a Aurelio, quien introducía por la “boca” del horno, los pedazos de madera para el completamiento del proceso.

Al filo del mediodía, grandes nubarrones comenzaron a anunciar una fuerte tempestad. El matrimonio recogió todas sus cosas y comenzaron de prisa el regreso al rancho.

El paso acostumbrado de un arroyo les preocupaba; por experiencia sabían que al llover para la “cabezada” la creciente llegaría “de pronto”, pero nunca imaginaron cuán grande susto pasarían.

Asegura Ángela La Rosa Ramos, la segunda de la “escalerita” que al llegar al arroyuelo, el agua ya “barbeaba” la palma que hacía de puente.

Los padres temieron por sus hijos, Celia no se atrevió a pronunciar siquiera murmullo alguno.

“Papá nos dijo que no tuviéramos miedo, que él nos pasaría a todos, uno a uno y al final ella.” asegura Ángela.

Así lo hizo, solo quedaba del otro lado la madre con el pequeño en brazos envuelto en una bolsa de yute.

Por última vez transitó con mucho cuidado la palma que vibraba sobre la fuerte presión de las aguas, tomó a su esposa de la mano, y comenzó a regresar.

Todo parecía airoso, ya a la salida, Celia resbaló y cayó a las turbulentas aguas. Los niños gritaron horrorizados.

“Fueron minutos de verdadero infierno” dice Ángela y sus ojos se humedecieron ante el trágico recuerdo.

Aurelio vio a su esposa y su hijo hundirse, casi desfallece, ¿Qué hacer?

Sin embargo, la “Providencia” permitió que durante la caída ella lograra asirse de una rama que fue su “tabla de salvación”, al niño tampoco lo soltó.

Al instante de sumergirse Aurelio ve la cabeza de ella pegada a la orilla y la asió por los cabellos. No sabe Ángela de qué manera fue aquello, solo que el padre logró sacar a la mujer hacia afuera, no sabían si llorar o echar a correr.

Se abrazaron callados y llenos de intenso estremecimiento continuaron el camino de regreso al rancho.

Esta es una triste historia que Ángela no olvida porque así lo prefiere. “No podemos olvidar ese pasado, porque tenemos que evitar volver a él”.

Los recuerdos le abrumaron, Ángela quedó en silencio tras la emoción, unos segundos después aseguró que como esa son muchas las historias, que llenan esa época de vicisitudes.

Por: Edilia Martínez La Rosa
Periodista de Radio Minas
Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @ediliaminas
6 de julio de 2019

 

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