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Malagones: génesis de las milicias en Cuba


Enrique Nuñez Jiménez, capitán del Ejército Rebelde y tenaz espeleólogo cubano había encontrado en Viñales no solo un espacio para desatar su curiosidad y espíritu aventurero, sino además el refugio para estar en paz consigo mismo.

En sus continuos andares por estos parajes, se codeó con personas de alma noble como Leandro Rodríguez Malagón, quien le sirvió de práctico en muchas de sus expediciones, y Cruz Camacho Ríos, otro campesino al que todos llamaban «El Niño».

El científico confiaba en los valores humanos de ambos y no dudó en presentarlos con el entonces Primer Ministro de Cuba, Fidel Castro Ruz.

La reunión se produjo el 31 de agosto de 1959 en la Gran Caverna de Santo Tomás, campamento del líder histórico de la Revolución cubana en sus recorridos por Pinar del Río. Allí se habló, entre otros asuntos, de los abusos cometidos por Luis Lara Crespo, «El cabo Lara», torturador y asesino de la derrocada dictadura batistiana que andaba prófugo de la justicia y se había alzado por la zona.

Entonces a Fidel se le ocurrió nuclear a 12 guajiros armados, los cuales debían conocer el terreno como la palma de su mano y ubicar, en un plazo de 90 días, la posición del bandido y sus secuaces.

«Si ustedes triunfan, habrá milicias en Cuba», sentenció el comandante rebelde, presagiando la envergadura de aquella acción.

Malagones fue el nombre espontáneo que le pusieron a la pequeña tropa, a propósito del apellido de su jefe, el antes mencionado Leandro Rodríguez Malagón. Tras adiestrarse por un mes completo en el campamento de Managua, sus integrantes retornaron a Vueltabajo y en apenas 18 jornadas dieron con el paradero del malhechor, escondido en una choza a cinco kilómetros del poblado de Pons.

Sobre los sucesos de aquel 18 de octubre de 1959, contó Juan Quintín Paz Camacho, último sobreviviente de la primera milicia campesina de Cuba:

«Serían las seis de la tarde cuando dimos con Lara y a esa hora se hacía imposible salir a buscar los refuerzos, ubicados en Guanito y Minas de Matahambre. Por otra parte, si esperábamos a que oscureciera, se nos escapaban los bandidos.

«En eso llegó un soldado rebelde, Isidro Ramos, y quiso acompañarnos. Con él sumábamos seis hombres. Dos atacamos por atrás, dos por el frente y dos por el flanco. Por poco tumbamos la casa aquella a tiros. Cuando llevábamos como 20 minutos, Cruz Camacho, ‘El Niño’ gritó:

-El capitán que emplace la ametralladora.

-No, ya instalamos el mortero. Vamos a dispararles con mortero, le contestamos desde el otro lado.

«Eran falsos el mortero y la ametralladora, pero hay veces que la mentira da resultado. Los alzados se aterrorizaron y Lara salió con una niñita del brazo:

-No tiren más que nos vamos a entregar, dijo y lo agarramos mansito.

-Yo quiero ver al capitán de ustedes, exigió luego.

-Como puede ver, aquí no hay capitanes, Lara, le explicamos».

No había capitanes de hecho, se trataba apenas de un grupo de lugareños sin formación militar ni académica, pero depositarios de la dignidad y el arrojo de la gente de campo. Su triunfo sentó las bases para la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias.

A lo largo de 60 años, muchos han sido los reconocimientos conferidos a estos héroes, tales como la medalla conmemorativa XX Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, otorgada por acuerdo del Consejo de Estado y la edificación de un complejo escultórico memorial en la comunidad El Moncada; pero nunca será suficiente para honrar el legado de quienes a base de astucia y valentía, pusieron coto a la maldad en la serranía de «Los Órganos».

Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
31 de agosto de 2019

 

 

 

 

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