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La tradición es vencer

 
Cuando Rodoberto le sugirió la idea de que él era el indicado para infiltrarse y averiguar en lo que andaban algunos vecinos, entre ellos excasquitos y otros confundidos por el desconocido comunismo, no valoró aquel joven campesino el alcance de la misión que finalmente aprobaría la comandancia provincial del Ejército Rebelde.

Gervasio Sánchez Robaina, a 60 años de aquel septiembre, cuando se desarticuló el primer proyecto de banda financiado por la CIA después del triunfo de la Revolución, recuerda cómo de carretero, músico con “Don” de amigos y miembro de una célula del Movimiento 26 de Julio, devino agente improvisado para penetrar lo que se conoció como la Banda del Americano.

Hoy de nuevo el imperialismo arremete contra el sistema escogido por los cubanos, arrecia el bloqueo y olvida las tantas lecciones dadas por el pueblo, crecido en cada momento, como demostraron los hombres que capturaron al primer grupo bien armado y asesorado por un experimentado oficial CIA.

MUCHAS RAZONES

De la existencia de la Banda del Americano supe por primera vez tras la lectura de una vieja revista Bohemia, editada en diciembre de 1959, y en mi oficio de periodista tuve el privilegio de conocer a Gervasio muchos años después, quien me narró en detalles lo que en aquel entonces no era oportuno dar a la luz y profundizar en lo que se registró como la Causa 1 del Tribunal Revolucionario de Pinar del Río.

En julio de 1959 el país vivía el júbilo de las nuevas leyes para beneficio de quienes nada tenían, pero también afectaban a grandes terratenientes y políticos con sed de riquezas, ello, sumado al miedo ante el cambio, fue aprovechado por la inteligencia de Estados Unidos para aupar a prófugos de la justicia, y mientras la Radio Swan daba el título de comandante al cabito Lara, asesino en las montañas pinareñas, un político frustrado pretendía extender la Legión de Occidente desde la zona conocida por Lajas, en Consolación del Sur, y movilizaba a desafectos a través de un cabecilla local.

En las reuniones se esperaba al jefe y al americano, pero no es hasta el seis de septiembre que Fernando Pruna Bertot se fuga de la prisión de La Cabaña, donde había coincidido con el norteamericano Austin Young, después deportado, y pudo Gervasio informar al mando del escuadrón 63 que se presentarían la noche del 22 de septiembre.

El americano, acompañado por Peter Lambton, «vecino» de origen inglés, también piloto como él, entra al país con fachada de turista por el aeropuerto de Varadero, y tras contactar en La Habana con los cubanos se dirigen a Consolación.

«Los soldados rebeldes llegaron media hora antes de lo programado a la casa de tabaco donde sería el encuentro, entre ellos el holguinero Manuel Cordero Rodríguez y al tratar de detener a un bandido este se le escapa tras un cuerpo a cuerpo, tira una ráfaga al aire y lo persigue. Se frustra la sorpresa y al oírse un disparo los que estamos dentro de la casa pensamos una cosa y los que no habían llegado son alertados y regresan».

La verdad fue la muerte de Cordero de un certero disparo al corazón y la fuga de los que no habían llegado a la reunión, entre ellos el americano que se capturó al día siguiente.

Gervasio compartió la prisión con ellos, incluidos Pruna, el jefe cubano perteneciente a La Rosa Blanca, y el americano, a quienes logró convencer de que eran infundadas las sospechas sobre él, pero continuó asediado hasta que conoció por uno de los amigos involucrados que esa noche lo iban a ejecutar y a la primera oportunidad que abrieron la reja, escapó.

«Imagínese, no existía un mecanismo que me protegiera y cuando hice llegar un recado al capitán este me mandó a buscar a mí solo y ahí sí me complicó... bajé hasta de peso. Hoy recuerdo aquello y le digo que conocí el miedo, pero le aseguro que con la edad que tengo volvería a asumir, como lo he hecho en cada momento de entonces a acá, cualquier tarea que se me asigne para salvar a mi Revolución, para honrar la entrega del soldado Cordero».

DE LA SIERRA ORIENTAL

Manuel Cordero Rodríguez es de aquellos primeros barbudos que llegaron al occidente y aquí, por Consolación del Sur, como integrante del escuadrón 63 del Ejército Rebelde se ganó el respeto de quienes lo conocieron por su pasión al hablar de la Revolución, por su valor demostrado.

Apenas unos meses y ya tenía planes para casarse con aquella mujer que lo había cautivado, reconocer al hijo que quería como suyo y establecerse en Consolación; pero también estaba en sus planes visitar a la familia que había quedado en su natal Palmarito, San Agustín de Iguará, hoy municipio Calixto García, en Holguín, donde tanto trabajo pasó en el campo, junto a sus padres y siete hermanos, y lo haría muy pronto.

Ya tenía el pasaje para irse y se encontraba enfermo, pero nada de eso lo disuadió cuando supo que una partida de soldados se preparaba para buscar a unos alzados , «la Revolución está primero que todo» y se sumó a la misión en la cual perdió la vida convirtiéndose en el primer mártir de la lucha contra los bandidos, al neutralizarse la primera banda concebida por la CIA en el territorio cubano, según se reconoció en el Encuentro Nacional por el XL aniversario de estos enfrentamientos, efectuado en Sancti Spíritus, asegura Pedro Padilla, investigador de historia local de Consolación del Sur, asistente al evento.

Gervasio, entonces con 22 años, cuando pasaba detenido frente a su casa pidió que lo dejaran despedirse y bajito le dijo al padre: «No se lo digan a nadie, yo sigo en el 26».

A seis décadas del hecho el pasado 22 de septiembre, los campesinos asumen las nuevas tareas, los soldados también, los milicianos y el pueblo alertan a la CIA: aquí nadie se rinde, porque la Revolución está primero y son mayoría los del «26».

Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
28 de septiembre de 2019

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