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Del compromiso moral a la vocación
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- Publicado: 01 Octubre 2019
- Escrito por Guerrillero

Yo era la presidenta de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM) en la provincia. Estábamos en un consejo nacional y teníamos que explicar lo que se hacía desde la organización para lograr la incorporación de las jóvenes al Servicio Militar Voluntario Femenino y Olga Lidia Tapia Iglesias, integrante del secretariado del Comité Central del Partido, nos preguntó que cuántas de nosotras íbamos a ir.
«Sentí que era un compromiso moral, porque siempre estaba citando la frase del Che: ‘La palabra enseña, pero el ejemplo guía’ y entonces cómo iba a pedirle a otras hacer algo que yo no había hecho».
EL ENCONTRONAZO
Dayana Chirino Peña llegó a su casa con una decisión tomada, pero la familia no estaba de acuerdo; hubo quienes se ofrecieron para interceder en aras de persuadir a la madre, pero finalmente no hizo falta la intervención de terceros: la firmeza de la «niña» tuvo la elocuencia necesaria para conseguir la aprobación.
«Yo tengo dos hijos y el varón ya había pasado el Servicio, pero nunca pensé en eso para Dayana, no estaba preparada y fue difícil; realmente no sabía del compromiso que había asumido con su organización. Desde chiquita siempre hizo cosas diferentes a otros niños, fue dirigente estudiantil y lo del Servicio no lo esperaba. Ella iba a estudiar lo que le gustaba: licenciatura en Educación Especial».
Han pasado tres años y todavía la voz de Yusimí Peña Mijares, madre de Dayana, denota la emoción, quizás porque ahora entiende que de haberse opuesto radicalmente le habría arrebatado el sueño de su vida y la felicidad que ahora embarga a la hija.
«Tuve días de llorar, de extrañarla, yo le decía que era mi apoyo y no podía contar con ella, pero no puedo negar que todo ha sido para bien».
«En nuestra sociedad existe el mito de que el Servicio no es para las mujeres, y están errados, nosotras podemos hacer lo mismo que los hombres y lo hemos demostrado muchas veces», asegura esta joven que ríe con picardía al recordar lo que tuvo que luchar para conseguir su propósito: «No voy a mentir, fue difícil, pero estaba convencida y pasé el Servicio». Era la única mujer entre 2 000 hombres en el periodo de «Previa». Recuerda que le regalaban flores todas las mañanas en la formación y que su madre se sorprendía al comprobar que no bajaba de peso: «En la unidad le daban comida especial a los que cumplían años, yo los acompañaba en la mesa y eso era casi todos los días».
EL CAMBIO
«Cuando entré, supe que eso era lo que iba a ser. Me motivó el rigor, la disciplina y decidí cambiar de carrera. Ahora estudio para Político Militar en la escuela interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) General Antonio Maceo, estoy en segundo año».
Su locuacidad se multiplica al hablar de sus experiencias en este centro, al que agradece haber estado en escenarios que ni soñaba, donde encuentra espacio para desarrollar su vena artística, pues le gusta declamar y posee habilidades para la locución.
Afirma que allí hace las mismas cosas que cualquier otro joven y que también dispone de los fines de semana y tiempo libre para compartir con amistades en la «vida civil». Y tal vez parezca insólito para algunos, sin embargo, en ella crece la convicción de haber hecho lo correcto: «Si estuviese arrepentida, me hubiese ido hace mucho, las FAR no me han quitado nada, al contrario, me han dado: formación de valores, disciplina y capacidad de decisión».
Reconoce que hay mucho desconocimiento a nivel social sobre el tema, dice que se ha encontrado incluso, quienes se sorprenden de que lleve el pelo largo y le preguntan si no es una violación del reglamento.

Atesora con cuidado imágenes y recuerdos que considera trascendentales: el encuentro con el Héroe de la República de Cuba Ramón Labañino; participar en la ceremonia en la que José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del Partido, entregó los títulos de Héroes y Heroínas del Trabajo a distintas personalidades, y la guardia de honor ante el monumento en El Cacahual, momentos que la enorgullecen.
La satisfacción de la madre es también algo que la complace, porque sabe que disfruta de sus experiencias. La progenitora no duda en asegurar que el Servicio Militar y la Escuela Interarmas han sido muy fructíferas, que la formación de su hija es excelente y que para una joven como ella que siempre tuvo dotes de liderazgo e interés por los temas políticos, es el sitio ideal para desarrollarse profesionalmente.
Tanto a muchachas como familias sugieren: no teman a la experiencia, el saldo siempre será positivo.
POR MI PAÍS
Escoger la vida militar lleva implícito el riesgo de que, en situación de guerra, las probabilidades de estar en la primera línea de combate crecen. Al preguntarle si no le preocupa llegar a tal circunstancia la respuesta es categórica: «Yo estoy convencida de lo que hago, y mi país puede contar conmigo en cualquier momento, como militar y como civil, porque soy militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), espero serlo del Partido y siempre voy a dar el paso al frente para lo que haga falta».
No hay mejor manera de proteger los hijos, la familia, el hogar, los sueños propios y de los seres amados que salvaguardando la Patria, entendida como la casa grande donde se atesora la memoria de los vivos, el recuerdo y la gloria de los muertos, a cuyo amparo se forja el futuro; y ahí siempre habrá manos de mujer.
Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
1 de octubre de 2019



