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¿Comercio electrónico?


El proceso de informatización de la sociedad cubana apuesta porque cada vez sean más los trámites y servicios que se puedan brindar sin hacer acto presencial el solicitante; un sueño que nos simplificaría bastante los avatares de la cotidianidad, ya que ningún ciudadano está exento de los entuertos burocráticos.

Una de las áreas de desarrollo es el comercio electrónico, todavía incipiente, y que, pese al incremento de emisión de tarjetas magnéticas, tanto para pago de salario como cuentas de ahorro, deja mucho que desear a los clientes.

Cajeros congestionados o fuera de funcionamiento, poca disponibilidad de los mismos (hay varios municipios que no tienen) y dificultades con la conexión en las tiendas son los problemas que con mayor frecuencia generan la insatisfacción de los usuarios.

La creación de un servicio no solo depende de la voluntad de quien lo ofrece y las ventajas asociadas a él, requiere de la disponibilidad de condiciones para asegurar que este pueda darse con calidad y hoy son insuficientes las existentes para generalizar la práctica del comercio electrónico.

A la infraestructura tecnológica se unen deficiencias organizativas, porque si en una tienda están presentando inconvenientes para el cobro de tarjetas, es justo que lo informen a los clientes. Resulta harto frustrante que luego de realizar la compra, al efectuar el pago, haya que devolver la mercancía porque «hoy no tenemos conexión».

Cada cajero cuenta también con una sucursal bancaria a cargo de su funcionamiento, por lo que cuando por diversas razones se interrumpe el servicio, un cartel informativo o algún trabajador podrían orientar a los usuarios.

Saber si la situación es momentánea, si hay otros a donde pueda acudir, a partir de qué momento se restablecerá, son elementos que ayudan, de acuerdo con la urgencia de cada quien, a establecer prioridades.

Ante el desconocimiento aparece la desesperación, lo que incentiva la aglomeración de personas en colas para acceder a su dinero, surge la queja y, lo que es peor, el cuestionamiento a la confiabilidad del sistema.

«Poseo tarjeta, pero ahora no tengo dinero», «No me puedo ir porque ya no me queda ni un peso», «Yo no sé para qué inventaron esto de las tarjetas si no hay cómo sacar el dinero», «En el trabajo no preguntaron, decidieron que iban a pagar así y ya. Ahora uno tiene otro problema más», son algunos de los comentarios que se escuchan entre quienes esperan para realizar un retiro del cajero.

En los municipios donde no hay la situación es más complicada, pues las Casas de Cambio (Cadeca) y los bancos asumen la extracción; con el consiguiente incremento de clientes demandando atención y el agravante de horarios de funcionamiento que coinciden con la jornada laboral. Conozco de palmeros que han debido trasladarse hasta Viñales y guaneros hacia Sandino como «alternativa» para solucionar la ausencia de efectivo en sus bolsillos.

En el 2019 no habrá mayor número de cajeros automáticos en el territorio, según confirmó Rubén Ramos Moreno, vicepresidente para el órgano del Consejo de la Administración Provincial (CAP).

Entonces urge la búsqueda de otras opciones. Entre ellas que las instituciones bancarias realicen un estudio sobre la capacidad de emisión de tarjetas contra la infraestructura existente; mejorar los soportes tecnológicos donde ya están los llamados post, porque la calidad de la conexión genera demoras e incluso imposibilita la transacción; incrementar la presencia de estos en centros comercializadores de todo tipo y facilitar a los trabajadores no estatales que también puedan implementar este sistema de cobro en sus establecimientos.

Los problemas que genera este servicio en la actualidad inciden negativamente sobre la familia, porque si a la escasa oferta de productos de varios tipos se une la complejidad para acceder a su dinero, entonces se reduce el número de oportunidades para adquirir bienes básicos.

El optimismo y la voluntad son insuficientes para la implementación de sistemas que dependen de recursos materiales y ese es el caso del comercio electrónico. Aun con el aumento al sector presupuestado del salario este sigue siendo exiguo y si además es un número virtual que no se revierte en satisfacción de necesidades, pues no hay modo de evitar que se genere inconformidad.

La premura y masividad han demostrado no ser buenos aliados de la eficiencia; el comercio electrónico es el camino hacia el futuro, por lo que evitar que se le mire con malos ojos y como una vía poco confiable es de vital importancia. Esperemos que los responsables actúen en consonancia.

Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
26 de octubre de 2019

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