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Héroe sobre minas


Augusto Coro Garófalo es Héroe del Trabajo de la República de Cuba desde 1990. Sus labores como perforador de la minería lo llevaron a distintos lugares de la geografía cubana y mundial.

Minero, pero al aire libre», se confesó Augusto Coro Garófalo en el libro Pasión de Héroes del periodista Gabino Manguela, y con esa frase hizo referencia a su labor como perforador en las prospecciones geólogas. Concretamente, pasó 42 años en esas actividades, tiempo en el que reunió suficientes méritos para alcanzar el título honorífico, cuando aun no contaba cinco décadas de vida.

Sobre la mesa de centro de la sala de su casa, donde se produjo la entrevista, hay un retrato de un hijo, el mayor de sus dos, graduado de piloto de aviación en la Unión Soviética, fallecido a una corta edad en un accidente automovilístico, y quienes conocen tanto a Coro como a su esposa Dolores, han palpado que este fatal suceso ha sido la gran tragedia de sus vidas. Por lo demás debe sentirse un hombre complacido, aunque no lo exteriorice, pues su naturaleza es tímida.

Detrás de donde me senté, a poco más de un metro y medio de altura de la pared, está la foto del protagonista de esta historia, recibiendo de Fidel el sello como Héroe del Trabajo de la República de Cuba. «Fue un día especial para mí», aseveró este sencillo hombre, residente en Santa Lucía, perteneciente al municipio de Minas de Matahambre.

«Fue el reconocimiento a tantos años de esfuerzo de mi parte, de mi compañera y familia en general. Mi trabajo me obligó a estar mucho tiempo lejos de la casa, pero era lo que me tocaba, el camino que escogí y que tanto fruto me dio. A veces pienso que todavía estoy en deuda con la Revolución».

La coronación con el alto título honorífico fue el clímax de su trayectoria. Antes obtuvo en dos ocasiones la medalla Lázaro Peña, en 1982 y 1990; la Jesús Menéndez, en 1983 y el sello Forjadores del Futuro, así como una distinción de los sindicatos soviéticos, también en 1983. Además, fue Vanguardia Nacional durante dos lustros.

Nacido hace 77 abriles del matrimonio de una descendiente de italianos y un hijo de gallegos radicados por algún tiempo en Puerto Esperanza y luego en la capital, supo de la austeridad desde bien temprano, algo que lo obligó a él y a sus seis hermanos a ganarse la vida desde los comienzos de la juventud y con esto seguir la tradición de las familias maternas y paternas del trabajo duro.

LA FORJA DEL PROTAGONISTA

«Primero empecé en la construcción, porque mi padre era barbero y eso nada más alcanzaba para lo imprescindible; pero tenía tíos que eran maestros de obras y así comencé a obtener mi sustento; después mediante uno de mis hermanos, que trabajó como perforador en el Túnel de La Habana, llegué a ese oficio, y con él vine para Vueltabajo.

«En Pinar del Río fue otra la historia: me inicié en la mina La Constancia, del municipio de Viñales, ahí estuve como ayudante de perforación. Cuando culminamos ese trabajo pasamos a Santiago de Cuba, en el proyecto del hierro de ese territorio, conocido como La Antoñica, donde estuve hasta que finalizó 1961.

«Poco a poco me fui superando hasta alcanzar la plaza de perforador. Entonces me mandaron de nuevo para Pinar, a la mina Buena Vista, ubicada en Bahía Honda; así seguí moviéndome adonde se necesitara, casi siempre en nuestra provincia. Desde esa época ya mis jornadas laborales eran de 10 y 12 horas diarias y no me gustaba fallar en nada ni que tuvieran que esperar por mí para comenzar alguna obra, no me gustó ser el último en mi oficio desde mis inicios.

«Recuerdo que durante la Crisis de Octubre estuve movilizado y luego participé en los estudios hidrogeológicos de la Ciénaga de Zapata, casi seis meses estuvimos en esa tarea, luego regresé a la mina Boche y por la calidad de mis trabajos me seleccionaron para realizar prospecciones en la zona de Matahambre y de aquí al Escambray. Con toda esa hoja de servicios inicié estudios en la Escuela Nacional de Perforación, en El Cobre, en Oriente, donde me califiqué como Perforador A y hasta fui alumno instructor.

«De esos tiempos te cuento que fueron muy difíciles para mí, me pasaba largos periodos de aquí para allá, lejos de la familia que estaba formando; pero había que cumplir, el país lo necesitaba y aunque a partir de que comenzó mi estancia en la Geólogominera tuve, igualmente, que moverme, incluso salir del país, ya era en menor medida».

SENTIR DE HOMBRE GRANDE

Augusto contaba solo con 48 años en 1990 y el día en que Fidel Castro lo condecoró con la Estrella de Oro habló como nunca.
«Mis compañeros se asombraron y me decían que cómo era posible, que yo era muy callado, aquella fecha nunca la olvidaré. En esa ocasión hasta aproveché para contarle algunas demandas de los obreros de la mina Fosforita. Ah, se me olvida mencionarte que me estaba poniendo la condecoración al revés, y le dije: ´Déjelo Comandante, yo la arreglo´, y de eso nada, hasta que no la puso como iba no me dejó quieto, ese era su temperamento».

Hasta 1997 trabajó en el departamento de producción de la Empresa Geóloga de Minas de Matahambre ocupando distintos cargos hasta que fue destinado a Cobre Mantua y al finalizar la explotación de ese punto quedó como custodio de las instalaciones hasta el 2004, cuando decidió acogerse a la jubilación.

«En el yacimiento Castellanos, por ejemplo, me nombraron jefe de perforación. Allí realicé varias fases, antes de iniciarse la explotación, como la búsqueda, la orientativa y la detallada del proyecto.

«Lo del retiro ocurrió en un momento en que estaba paralizada la actividad geólogo minera en Pinar del Río. Era una situación bastante compleja para el ramo, porque aunque se salía de la crisis de los ‘90, el país no contaba con el capital necesario para reanimar la explotación del mineral. Por dos años nos quedamos haciendo guardia a la espera de que se volviera a abrir, hasta que tomé la decisión de irme.

«Sin embargo, no quedé inactivo: trabajé más de 200 horas voluntarias en la construcción de la Sala de Rehabilitación de mi Consejo Popular, y en el 2008. Cuando fui llamado para volver a la reanimación de Castellanos lo hice, entonces me convocaron para una cooperación en Venezuela.

«En ese país trabajé 14 meses. Al principio de técnico y más tarde de perforador, en una mina de oro nombrada Hoja de Lata, donde hasta impuse un récord de productividad en un día, con 40 metros de profundidad y 40 de recuperación, y los que saben de geología entienden a lo que me refiero».

Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
4 de noviembre de 2019

 

 

 

 

 

 

 

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