Tiempos de Vocacional


Al recorrer sus pasillos se pueden ver las huellas dejadas en ella por miles de estudiantes, las historias de los que entraron siendo niños y salieron convertidos en hombres y mujeres, preparados para asumir el futuro; de los desconocidos que se hicieron amigos y aún hoy, después de 40 años, lo siguen siendo; de sueños e ilusiones; de jóvenes alegres, comprometidos, a veces irreverentes, seguros de sí mismos y soñadores.

La Vocacional es más que una escuela. Dentro de sus aulas no solo se aprende de Matemática, Historia o Biología, y es que además de para ser profesionales, sus maestros enseñan y preparan para la vida. Formar parte de ella es serlo también de una gran familia, cuyos lazos perduran y se fortalecen, aunque los caminos se distorsionen o bifurquen.

Más de cuatro décadas han transcurrido desde su creación, y muchos son los hombres de ciencia que ha moldeado, y también hombres de bien, justos; quienes aunque ya peinan canas la recuerdan con cariño, le agradecen las enseñanzas y siempre que pueden, regresan a ella presurosos, como el hijo ante el reencuentro con el padre.

La Engels está y estará guardada en la memoria de los pinareños, de padres, estudiantes, profesores y demás trabajadores. Los años en que se formó parte de ella quedan grabados como uno de los mejores vividos. Los tiempos de Vocacional son únicos y su impronta se hace parte inseparable de nuestra personalidad. Con orgullo sincero, todo aquel que se sentó en sus aulas, reconoce: “Yo fuí alumno de la Vocacional”.










Tomado de Guerrillero
www.guerrillero.cu
8 de enero de 2019