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Seguir la historia: El último día de Batista

Por Redacción Radio Minas

Por: Pedro Abreu Mujica

Con esta publicación Seguir la historia inicia el ciclo dedicado a la caída de la tiranía de Batista y el triunfo de la Revolución.

En el mayor secreto Batista planificó su huida del país hacia Santo Domingo. Solo pocos colaboradores íntimos conocían algún que otro detalle por la imprescindible participación que tenían en los preparativos o su ejecución.

Batista simuló a última hora una recepción en Columbia (1), la noche del 31 de diciembre de 1958, mientras 4 aviones estaban listos en el cercano aeródromo militar, para sacarlo de Cuba, en unión de sus familiares y amigos preferidos.

Desde hacía días el pueblo presentía próximo e inevitable el derrumbe del régimen tiránico ante el avance incontenible de las fuerzas rebeldes, comandadas por Fidel Castro; las acciones clandestinas y el apoyo de la población. Más de la mitad del territorio nacional había sido liberado en las últimas semanas por las tropas insurreccionales (2).

En apariencia, el déspota parecía sereno dando órdenes, despachando los asuntos de la presidencia y hasta anunciando planes de futuro (3).  Compartió la larga jornada de fin de año entre la finca de recreo y mansión privada de Kuquine y la residencia presidencial de Columbia (4).

En el más absoluto secreto se fueron tejiendo los hilos de la cobarde escapatoria que tendría lugar horas más tarde. En una de las gavetas del buró de Silito Tabernilla (5) estaban guardadas las listas de los elegidos para el viaje sin posible retorno.

Según la revista Bohemia, en la residencia presidencial de Columbia hubo inusitado ajetreo nocturno de altos oficiales. La expresión de las caras, ciertamente, no correspondía al trámite cordial de las congratulaciones de Año Nuevo. El general Cantillo entró y salió varias veces (6). Afuera, en el polígono y los cuarteles, la inquietud prendía en la tropa.

Y añadía el semanario: jerarcas civiles alternaban con los jefes del marzato (7). El eje del problema, cualquiera que fuese, parecía serlo el general Cantillo. Los frecuentes intercambios a puertas cerradas, entre el militar y el dictador sugerían una perfecta sintonía entre ambos.

Invitados o no, también concurrieron al ágape connotados esbirros como Esteban Ventura Novo, atraídos por los rumores que empezaban a circular entre las altas esferas, dispuestos a reclamar por la fuerza su espacio en el transporte aéreo.

A las 12 de la noche el dictador se encaminó al comedor y se hicieron los brindis propios de la festividad. Seguidamente sucedió lo inusual:  Se leyeron declaraciones y firmaron actas, en una aparatosa ceremonia de traspaso de mando. Los pocos que conocían el secreto estaban tranquilos. Los demás, la mayoría, observaban con zozobra. La noticia los había dejado atónitos. Estaba teniendo lugar un nuevo golpe de Estado.

A la una de la madrugada, en el centro de la sala, Batista todavía le daba instrucciones a Cantillo, a quien había investido de la jefatura de la Junta Militar que le sucedería en el poder. De pronto el dictador ordenó a los elegidos y a la comitiva que lo despediría: ¡Vámonos! Tomaron lujosos automóviles que los trasladaron a la pista del aeropuerto. Cuatro aviones levantaron vuelo. Dos llegaron a Santo Domingo, en uno de ellos Batista acompañado de 47 personas. Otros dos aterrizaron respectivamente en New Orleans y Jacksonville (8).

Se consumó la huida de Batista y de los principales cabecillas de la tiranía, entre ellos los generales Francisco Tabernilla y sus hijos, Pilar García con los suyos; los coroneles Esteban Ventura Novo y Conrado Carratalá y políticos de la baja estatura moral de Andrés Rivero Agüero y Gastón Godoy-Loret de Mola, presidente y vicepresidente de la República electos en la farsa electoral del 3 de noviembre de 1958.

 Casi de inmediato, y por otros medios, avionetas, yates y embajadas, otros miembros connotados de la pandilla escapaban a la persecución popular. Comenzaba así un viaje sin regreso para el monstruo y sus acólitos.

Notas:

  1. Principal fortaleza militar del país, donde el presidente tenía una de sus residencias.
  2. CASTRO RUZ, FIDEL, La Contraofensiva Estratégica pág. 10.
  3. Revista Bohemia, sección en Cuba, enero 11 de 1959, pág. 99.
  4. Kuquine residencia particular de Fulgencio Batista, situada al oeste y en las afueras de la capital. Tenía otra residencia en la fortaleza militar de Columbia, en el municipio capitalino de Marianao. Después del triunfo de la Revolución, Columbia se convirtió en la Ciudad Escolar Libertad.

En la finca Kuquine, confiscada por la Ley de Recuperación de Bienes Malversados, radicaron varias escuelas, entre ellas la que fundó el Che, en 1962, para los hijos de obreros mineros, y un instituto para la formación de técnicos medios veterinarios. Contaba con una bella mansión con piscina, amplias áreas verdes y frutales. En la actualidad es una unidad de servicios de alojamiento.

  • General de brigada Francisco Tabernilla Palmero, ayudante personal del presidente Batista e hijo del Mayor General Francisco Tabernilla Dolz, jefe del Estado Mayor Conjunto.
  • Mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe de Operaciones en la provincia de Oriente, traicionando los acuerdos tomados con Fidel, se hizo cargo de la Junta Militar ordenada por Batista.

El 24 de diciembre el general Cantillo solicitó entrevistarse con Fidel. La entrevista tuvo lugar 4 días después en el central Oriente y duró 4 horas, allí se acordó con Cantillo realizar un movimiento militar revolucionario, que comenzara con el levantamiento de la Guarnición de Santiago de Cuba.  Lo primero que Fidel le advirtió fue que él no autorizaría jamás “ningún tipo de movimiento que permitiese la fuga de Batista” y de los demás criminales de guerra. Cantillo traicionó los compromisos hechos con Fidel y se plegó a los dictámenes de Batista, encabezando la efímera junta militar que le sucedió en el poder.

  • Por los cargos que ocupaban en el régimen instaurado el 10 de marzo de 1952.
  • Periódico Prensa Libre, edición extra, primera página, 1ro. de enero de 1959.

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